Exposición «El Víbora. Comix para supervivientes». Centro de Historias (Zaragoza) 25/01/2021 – Publicado en: Noticias, Salones de cómic – Tags: , , , , ,

EL VÍBORA. COMIX PARA SUPERVIVIENTES

Centro de Historias de Zaragoza

Del 26 de enero al 18 de abril de 2021

ORGANIZA

Servicio de Cultura y Salón del Cómic del Ayuntamiento de Zaragoza en colaboración con Ediciones La Cúpula

PRODUCCIÓN: Centro de Historias de Zaragoza
COMISARIADO: Rubén Lardín
DISEÑO: Miguel Iguacen

 

 

Os dejamos este texto de Rubén Lardín:

En diciembre de 1979, cuatro años después de la muerte de Franco, los quioscos de toda España ponen a la venta el primer número de una revista de historietas que huele a contracultura, a subversión, a libertad e incluso a libertinaje.

Con una portada de Nazario atravesada por balas que provienen del interior y luciendo un logotipo diseñado por América Sánchez, El Víbora nace de las brasas todavía humeantes del underground barcelonés, rescata el perfume clandestino de los fanzines que se vendían bajo mano en los alrededores de las Ramblas y en sus páginas propone la convivencia viva y ardiente de la sátira y el romance, del miserabilismo y la crónica urbana, la mezcla perfecta entre el comentario social y el sentir personal de unos individuos destinados a conformar la generación más inesperada y vibrante de la historia del tebeo español.

Una constelación de autores locales —como Nazario, Max, Miguel Gallardo, Juan Mediavilla, Alfredo Pons, Martí, Calonge, Montesol, Vallès, Isa Feu, Carratalá, Javier Mariscal, Ceesepe y otros de prestigio internacional como Gilbert Shelton, Robert Crumb, Tanino Liberatore, Charles Burns, los hermanos Jaime y Beto Hernandez o Yoshijiro Tatsumi— dieron voz y carácter a las primeras etapas de la revista, que en los años 90 conoció el impulso de una nueva generación de artistas como Jaime Martín, Mauro Entrialgo, Mónica y Bea, Miguel Ángel Martín, Iron, Álvarez Rabo, Paco Alcázar, Daniel Clowes, Chester Brown, Ralf König o Peter Bagge, entre muchos otros.

El Víbora, capitaneada siempre por Josep Mª Berenguer, compareció en los quioscos con periodicidad mensual durante veinticinco años, hasta diciembre de 2004. Durante ese tiempo su trayectoria fue irregular, con picos de excelencia y etapas de resistencia frente al declive del papel impreso, pero siempre manteniendo un nivel medio notable, perseverante en actitud, promoviendo la vanguardia gráfica, la audacia ideológica y un insobornable combate contra lo establecido.

El Víbora fue siempre la revista del hermano mayor y lo fue incluso para quien fue hijo único. Una publicación algo temible y un poco morbosa, asilvestrada y muy deseable, que en cuanto llegó a nuestras manos se reveló como una escuela de vida y callejeo que naturalizaba el lumpen, que le hablaba de tú a tú a la puta, al yonqui y al guardia civil, si bien estos no podían pararse a escuchar porque estaban cada uno a lo suyo, haciendo país. El Víbora fue el respiradero de una generación airada pero a la que también le faltaba el aire, la última engendrada a la sombra putrefacta del franquismo, la que colmó el vaso y se lo bebió de un trago. La revista fue el símbolo de aquella juventud pero fue más allá, porque también fue la infancia recuperada tras muchos años de tiniebla, una guardería que acogió a todos los excéntricos que merodeaban el Born, la plaza Real, el barrio chino y los alrededores de Las Ramblas, que era un paseo barcelonés que ya no existe, y los puso a dibujar tebeos siguiendo los códigos de las publicaciones infantiles, tanto en su plétora de personajes como en sus dinámicas comerciales, que incluían números extraordinarios en verano y en navidad, en aquel entonces lapsos para el tedio, lugares para barruntar la sedición.

Con ese aspecto feísta que le gustaba vestir, haciendo alarde de la famosa línea chunga que en su denominación ya pretendía distanciarse de los finolis, de los listos, de los malditos franceses que parecen estar ahí en jarras para que los envidiemos, El Víbora reveló a muchos de los más notables artistas gráficos de nuestro país, descalificó el underground y sus secretos sumariales, importó el manga cuando nadie sabíamos que se llamaba así, incorporó el sexo como discurso de entidad (porque El Víbora daba para paja, una estrafalaria, despaciosa y más clandestina que las pajas corrientes) y practicó en todo momento el cómic social sin tirar de dogmas ni sermones. Lo hizo de primera mano, con ánimo hedonista y un poco sufriente en algunos de sus autores, melenudos y bohemios que mes a mes nutrieron aquellas páginas con trazas de reporteros, metiéndonos la calle en casa a los niños de los ochenta y los noventa, fraguando en nosotros un sentido ético y también uno estético, dos cosas que son la misma y que en nuestro caso iban a cuajarse en un desafecto innegociable hacia cualquier forma de autoridad, una tendencia al viva la virgen y un remanente natural de paranoia. Por si acaso. Porque nunca se sabe si el futuro puede volver a repetirse.”

Fragmento de “Los hijos de la serpiente”, prólogo al volumen conmemorativo La Cúpula 35 años (2015)